Tras analizar el mercado, se procede a analizar cuidadosamente las posibilidades de la organización. Se trata de concretar las líneas de actuación conforme a las prioridades de la organización, algo imprescindible de cara a la optimización de recursos y el equilibrio del suministro. Sin denominadores comunes, la Gestión de la Demanda apenas tiene margen de maniobra.
Además de ahorrar costes, al existir unos planteamientos que de manera subyacente implican a todos los servicios, se configuran unas señas de identidad que, a ojos del cliente, son percibidos de forma positiva como coherencia en el negocio.
La etapa de definición debe dar respuesta a las siguientes preguntas estratégicas: